- CXLII -

By Fernando de Herrera

Si no es llorar, ¿qué pueden ya mis ojos?

Mi alma de lamento se mantiene;

con él crece el ardor y se sostiene,

y la pluvia se alienta en sus despojos.

Un tiempo esperé premio a mis enojos,

mas tarde es ya que mi pasión previene;

pero acabar en lágrimas conviene

a quien de flores nacen los abrojos.

En llanto me consumo, y cuando espero,

grande y nuevo milagro, dar memoria,

a mi nombre disuelto en triste río,

ocurre el fuego, en él me abraso y muero,

desvaneciendo en llama con más gloria

justo aunque grave bien al dolor mío.