- CXLIII - A Narciso muerto, enamorado de sí mismo
Risueña entre las guijas los cristales,
de limpia fuente, dulce, mansa, y clara,
Narciso contemplaba, y ella avara,
en lugar de regalos, le dio males.
Ambicioso codicia los fatales
rayos de aljófar, y en su bella cara,
mirando su hermosura más repara,
encendidos de Amor ya sus corales.
Arde amante abrasado en su hermosura,
contemplando la imagen fugitiva,
y hablándole a la Ninfa con ternura.
Viva la juzga viendo el agua viva,
exhala fuego, crece la locura,
y muere de lo mismo que, se priva.