-CXLIII-

By Fernando de Herrera

Al sereno esplendor de luz ardiente,

de celestial zafiro a la belleza

la alma, volando en torno con presteza,

las alas rojas mueve dulcemente.

Amor, que de este cielo nunca ausente

respira, le descubre su grandeza,

y de gloria mil bienes y riqueza,

que sola ella los conoce y siente.

En este engaño siempre va, y se olvida

de quien, cuidoso de su afán, la llama,

y en conocido error cansa y porfía;

porque espera tal vez allí, encendida

do aquellas puras luces en la llama

hallar sepulcro igual a su osadía.