- CXLIII -

By Fernando de Herrera

Pura, bella, suave, estrella mía,

que, sin que os dañe oscuridad profana,

vestís de luz serena la mañana

y la tierra encendéis, desnuda y fría.

Pues vos, por quien suspiros mil envía

mi alma, cual castísima Diana,

movéis la empresa vuestra soberana

contra Venus y Amor con osadía,

yo seré como aquel, que su belleza

con hierro amancilló y el casto hecho

lo mostró con más gloria y hermosura,

pero tendré de Ladmo la aspereza,

si Luna sois, del cazador el pecho,

y no del que honró Arcadia la figura.