- CXLIV -

By Fernando de Herrera

¡Oh, cómo vuela en alto mi deseo

sin que su osadía el mal fin tema!

Que ya las puntas de sus alas quema

donde ningún remedio al triste veo.

Que mal podrá alabarse del trofeo,

si estando ufano en la región suprema

del fuego ardiente, en esta banda extrema

cae por su siniestro devaneo.

Debía en mi fortuna ser ejemplo

Dédalo, no aquel joven atrevido

que dio al cerúleo piélago su nombre.

Mas ya tarde mis lástimas contemplo,

pero sí muero, porque osé, perdido.

Jamás a igual empresa osó algún hombre.