- CXV - A la violenta y desgraciada muerte de don Agustín de Castelví
Este Castillo, que admiraron fuerte
los silbos de los más feroces vientos,
que furiosos, atroces, y violentos,
estrago le quisieron de la muerte.
Esta Torre soberbia, a quien la suerte
armó de pedernal en sus cimientos,
siendo sus fuertes duros fundamentos,
blanco donde la saña el tiro acierte.
Ya el silbo ardiente de traidora bala,
se mira demolida en el arena,
postrada a su crueldad oda su gala.
Sin perdonar a la menor Almena,
humo vomita, vivo fuego exhala,
o dolor, o tormento, o muerte, o pena.