- CXVI - A la desgraciada muerte de don Francisco Sarmiento y Luna, marqués de C...
Esta Luna, que vimos tan crecida,
este Sarmiento que admiré frondoso,
él, en esta montaña tan pomposo,
y ella, en este Hemisferio tan lucida.
Estos que fueron de la humana vida
ejemplo con suceso lastimoso,
descansan ya en el último reposo,
muertos con un dolor, con una herida.
Aquella su esplendor manchó luciente,
con alevoso horror de infame bala,
trocando en humo, y sombra su Oriente.
Este (marchita su florida gala)
fue destrozado de Segur ardiente,
o Muerte tu poder, todo lo iguala.