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By Bartolomé Leonardo de Argensola

Pues tu gobierno, mi Fernando, imita

al de Dios en los orbes celestiales,

aunque excluya tal vez las judiciales

plumas, venere la justicia escrita;

que cuando por su arbitrio la infinita

dispensa con las órdenes fatales

no les turba los lustres naturales,

ni el influjo común desacredita;

Ni tú, si la magnánima epiqueya

se opone a los derechos que nos rigen,

de su ornato purpúreo los desnudes;

que, aunque ella tiene altísimo el origen,

no ha de pensar que las demás virtudes

en su presencia son turba plebeya.