- CXX - A la reina Dido en su muerte
O fuerza del Amor, y la fineza,
y de su Arpón mortal desasosiego,
que vendado con luz, y Lince Ciego,
rinde a su imperio la mayor alteza.
O Elisa adónde está tu gentileza
a Sicheo fiel, y sorda al ruego,
como en sangre bañada das al fuego
tu valor, tu desdén, y tu belleza.
O, lo que puede un bárbaro desprecio,
o, lo que siente, una mujer dejada,
o, a lo que obliga Cielos un mal trato.
Valiente fuiste Eneas, pero necio
y fue cobarde pues la hirió su espada,
y quedarás al Mundo por ingrato.