- CXXIII -

By Fernando de Herrera

Grande fue, aunque infelice, tu osadía,

que por guiar ¡oh hijo de Climene!

El carro en que gobierna solo y tiene

Febo el vivo esplendor que ilustra el día,

del fiero rayo muerto en yerta vía,

Eridano en sus ondas te sostiene;

gloriosos sepulcro, cual conviene

a tu alto corazón y a tu porfía.

Yo, que cuidé estrenar la pura lumbre,

y de mi sol regir los cercos de oro,

dichoso Automedón, con diestra suerte,

caí, abierto el pecho, de la cumbre,

y perdí, no la vida, el bien que lloro;

que en tal mal fuera el bien hallarla muerte.