- CXXIX -

By Fernando de Herrera

Yerto y doblado monte, y tú, luciente

río, de mi zampoña conocido,

cuando de los pastores el gemido

canté y mi mal con cítara doliente;

si nunca en vuestra cima y pura fuente

de oír se deja mi dolor crecido,

y si por el camino que han seguido

otros, su afán llorando, voy presente,

dos bellos ojos y un semblante honesto

son causa que cantar bien deseara

el principio y los fines de las cosas.

El tiempo a todo pone en ser perfecto;

espero, pues, si me es la edad no avara,

mostrar cuan varias son y cuan hermosas.