- CXXV -

By Fernando de Herrera

Pues cubre el orbe en asombrado velo

la negra oscuridad, y las estrellas

miran, errando en torno en formas bellas,

dudosas el desierto y hondo suelo,

tú, noche, a quien mis lástimas revelo,

y al gemido respondes triste de ellas,

oye mi mal, atiende a mis querellas,

así a ti sola sirva el vago cielo;

que no quiero que el día vea el llanto

de estos ojos mezquinos; que en tal pena

no conviene la luz al dolor mío.

Escucha tú, que del color el manto

de mis venturas tienes, ¡oh serena

noche! mi queja en tu silencio y frío.