- CXXVI - A la muerte de una dama muy hermosa
Tú la mataste Amor, tú la mataste,
o envidias de tu madre Citerea,
tuya ha sido esta empresa, y la más fea,
que de tus Viras fabricó el engaste.
Tú cruel, fementido abandonaste,
la luz a la del Sol, deidad Phebea,
tú a Pomona, a Pandora, a Amaltea,
las vidas, y las gracias usurpaste.
Injusto es tu poder, como tirano,
dígalo Euterpe en lúgubres Endechas
llorando aquel prodigio soberano.
Pero poco del tiro te aprovechas,
que en pena de rigor tan inhumano,
te has quedado sin viras, y sin flechas.