- CXXXI - Al sepulcro de Orfeo
Sí en el Mudo silencio, sí en la umbría
estancia, y en la sombra (o caminante)
el Mármol te callare el tierno Amante
que esconde, te lo dice la voz mía.
Yace pues con su Losa yerta, y fría,
el que con dulce Amor, tierno distante,
a Eurídice libró con paso errante,
de la región de Rhadamanto impía.
El Orfeo divino, a cuyo acento,
la selva pasos dio, siguió la fiera,
corrieron los escollos, cesó el viento.
El Ebro le detuvo en su ribera,
y pudo tanto el lírico momento,
que hasta el Erebo melodías era.