- CXXXII -

By Fernando de Herrera

Estos ojos, no hartos de su llanto,

que a tan estrecha suerte me han traído,

lloren sin descansar el bien perdido,

si lágrimas prolijas valen tanto;

que cuanto mi dolor subiere cuanto

debe al mal y al amor, en lento olvido

sólo, a la ira y al desdén rendido,

cual cisne espiraré en funesto canto.

Y este cielo, enseñado a mi lamento,

podrá llevar por este campo abierto

mi voz triste a la causa de mi daño;

porque yo oso esperar que mi tormento,

pues es venganza indigna contra un muerto,

o venza o junto acabe con mi daño.