- CXXXIII - Al sepulcro de una dama hermosa, habla con el mármol el poeta
No apremies dura inexorable losa,
las cenizas, los huesos de la bella,
Cloris divina, Majestad aquella
que en Ida vencer pudo por airosa.
El purpúreo jazmín, cándida Rosa,
y de los Cielos la mayor estrella,
todos perdieron (ay Amor) en ella
el, carmín, el candor, la luz hermosa.
Sella pues tu cadáver blandamente,
guardando en rica caja sus cristales,
para que de ella el Sol tome su Oriente.
Se enciendan en su boca los corales,
respire el prado el ámbar floreciente,
y aumenten las Auroras sus caudales.