- CXXXV - A la muerte de un niño que abortó la Duquesa del Infantado
Esta rama del árbol generoso,
anticipadamente florecida,
de su materno tronco desunida,
cayó en el seno del común reposo.
Mas transpuesta en terreno más glorioso
en primavera eterna, eterna vida
logrando está, seguramente unida
al sol más puro en cielo más dichoso.
Y aunque quiso la envidia recatada
no ver maduro el fruto de la gloria
que produjo pimpollo de tal planta,
madre suya es la Iglesia, y consolada
dulces himnos ofrece a su memoria:
¿qué llora el mundo, pues, si el cielo canta?