- CXXXVI - Al Duque del Infantado por la muerte del mismo niño
Vuestra prenda, señor, cediendo al hado
con inmatura muerte lastimosa,
quedó marchita y mustia, como rosa
sin sazón ofendida del arado.
Mas a fragancia en culto no alterado
de más noble pureza y más hermosa,
mano que nos parece rigurosa,
para fruto mejor la ha trasplantado.
Aunque el rigor de aquella sombra oscura,
efecto natural, lágrimas fueron,
y tenidas al trance de perderla,
fe y esperanza cierta os asegura
que a los mortales ojos que la vieron
ha de dar luz eterna para verla.