De Cristo resucitando a Lázaro
La enfermedad del justo y sus dolores
a la gloria de Dios abren camino;
que no para en la muerte su destino,
odiosa cual de tristes pecadores
Sueño es de paz y de abundancia y flores
por quien espera el cuerpo no mezquino,
aquel eterno abrazo, fiel, divino,
de la alma con purísimos amores.
Lázaro así, ya en el sepulcro puesto,
con lágrimas de Marta y de María
a Cristo movió en lloro, ¡humana suerte!
Turbó al valiente espíritu el funesto
horror; mas dando un grito al que dormía,
sacólo a luz del seno de la muerte