De El castigo del pensequé

By Tirso de Molina

Yo os prometí mi libertad querida,

no cautivaros más, ni daros pena;

pero promesa en potestad ajena,

¿cómo puede obligar a ser cumplida?

Quien promete no amar toda la vida,

y en la ocasión la voluntad enfrena,

seque el agua del mar, sume su arena,

los vientos pare, lo infinito mida.

Hasta ahora con noble resistencia

las plumas corto a leves pensamientos,

por más que la ocasión su vuelo ampare.

Pupila soy de amor; sin su licencia

no pueden obligarme juramentos.

Perdonad, voluntad, si los quebrare.