De El laberinto de amor, jornada segunda, Porcia
Si al fuego natural no se le pone
materia que en la tierra le sustente,
volverase a su esfera fácilmente,
que así naturaleza lo dispone.
Y el amante que quiere que se abone
su fe con afirmar que no consiente
en su alma esperanza, poco siente
de amor, pues a su ley justa se opone.
Cual sin el agua quedaría la tierra,
sin sol el cielo, el aire sin vacío,
el mar en tempestad, nunca en bonanza,
y sin su objeto, que es la paz, la guerra,
forzado sin su gusto el albedrío,
tal quedara amor sin esperanza.