De El rufián arrepentido

By Miguel de Cervantes y Saavedra

Maestro era de esgrima Campuzano,

de espada y daga diestro a maravilla,

rebanaba narices en Castilla

y siempre le quedaba el brazo sano.

Quiso pasarse a Indias un verano,

y vino con Montalvo el de Sevilla;

cojo quedó de un pie de la rencilla,

tuerto de un ojo, manco de una mano.

Vínose a recoger aquesta ermita

con su palo en la mano, y su rosario,

y su ballesta de matar pardales.

Y con su Magdalena, que le quita

mil canas, está hecho un San Hilario.

¡Ved cómo nacen bienes de los males!