De la comedia El Eneas de Dios
Señor, que de esta cándida cortina
cubres la Majestad, que admira el Cielo,
si el arca del maná cubre este velo,
amor piadoso, como ves, me inclina:
perdona lo que un alma determina,
que abrasas Tú con tu amoroso celo,
pues todo el fuego me parece hielo
al resplandor de tu Deidad Divina.
Confiésote mis culpas, y te pido
perdón de tan extraño atrevimiento:
disculpado de amor, de amor vencido,
no temí el fuego allí, mayor lo siento;
que el hielo del temor, que te es debido,
me supo defender de este Elemento.