De La Gran Sultana doña Catalina de Oviedo, Primera jornada, SULTANA
A ti me vuelvo, gran Señor, que alzaste
a costa de tu sangre y de tu vida
la miseria de Adán, primer caída,
y adonde él nos perdió tu nos cobraste;
a ti, pastor bendito, que buscaste
de las cien ovejuelas la perdida,
y, hallándose del lobo perseguida
sobre tus hombros santos te la echaste;
a ti me vuelvo en mi aflicción amarga,
y a ti toca, Señor, el darme ayuda:
que soy cordera de tu aprisco ausente,
y temo que, a carrera corta o larga,
cuando a mi daño tu favor no acuda,
me ha de alcanzar esta infernal serpiente.