De la muerte
¡Oh sobre que principio tan incierto
fundamos la esperanza de la vida,
como si esta nos fuese concedida
un cierto día, o un instante cierto!
Todo e soberbio mar, no hay fijo puerto
donde vaya la ruta dirigida
acaba el joven en su edad florida,
y el anciano también canoso y yerto
¡Y qué podamos necios y atrevidos,
confuso el mar, el agua turbulenta,
cual si fuera en la playa estar dormidos!
¡Qué seguros en medio la tormenta
nos juzguemos, estando sumergidos!
¡Oh oscura ceguedad! ¡oh errónea cuenta!