De La reina de los reyes
Muerto, sin duda, Virgen Soberana,
estuve cuando os vi, pues que me privo
de aquella gloria cuando me hallo vivo,
por ser de ella incapaz la vida humana.
El alma de gozarla quedó ufana,
y yo preso de amor, y aquí cautivo,
haciendo estos favores que recibo
mi fe segura y mi esperanza llana.
Si el ausente amador con razón pide
un retrato a quien ama, que entretenga
las esperanzas de la vista y trato,
mientras la carne vuestra vista impide,
permitid, gran Señora, que yo tenga
por prenda de mi fe vuestro retrato.