De La reina de los reyes

By Tirso de Molina

Muerto, sin duda, Virgen Soberana,

estuve cuando os vi, pues que me privo

de aquella gloria cuando me hallo vivo,

por ser de ella incapaz la vida humana.

El alma de gozarla quedó ufana,

y yo preso de amor, y aquí cautivo,

haciendo estos favores que recibo

mi fe segura y mi esperanza llana.

Si el ausente amador con razón pide

un retrato a quien ama, que entretenga

las esperanzas de la vista y trato,

mientras la carne vuestra vista impide,

permitid, gran Señora, que yo tenga

por prenda de mi fe vuestro retrato.