De Murmurios de la selva

By Joaquín Arcadio Pagaza

Dejó en Tesalia un cazador garrido,

bajo al móvil sombra de un manzano,

a su hijo, mientras va por monte y llano

una perdiz siguiendo hasta su nido

Al volver, ¡oh dolor!, le ve ceñido

por las espiras de dragón tirano;

¡era padre!, al carcaj llevó la mano,

trémulo el brazo, el corazón transido

La flecha embebe al arco; y con tal arte

la fuerza mide y el impulso pesa,

que tan sólo al dragón, certero, hiere.

Así Dios el socorro nos imparte

cuando nos mira del infierno presa;

y vive el hombre y la serpiente muere.