¿De qué sirve querer un imposible?
Basta, Amor, el rigor con que me has muerto;
cese un poco, rapaz, tu ardiente fuego,
pues ya del alma el señorío entrego
por los ojos no más a dueño cierto;
y aunque es el bien que añoro tan incierto,
que no pasa de vista, a sentir llego
tu fuerza de manera, que me anego
en mil mares de amar sin hallar puerto
Riño unas veces a mis libres ojos,
mas por respeto de lo que han mirado,
detengo el castigarlos lo posible,
y viendo que padezco estos enojos,
digo entre mí a mi pecho enamorado:
¿de qué sirve querer un imposible?