De Quevedo a un clérigo

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Adoro, aunque te pese, Galileo,

el pan que muerden tus rabiosos dientes;

adoro al que, en mortaja de accidentes,

vivo en la muerte que le diste veo.

Adoro a Cristo y sus preceptos creo,

aunque de enojo y cólera revientes;

espérenle, si quieren, tus parientes,

que yo en el sacramento le poseo.

Mas ya que en muerte ignominiosa y fiera,

tus padres le abrieron el camino,

no le persigas en el pan siquiera;

pues en tu boca, a lo que yo imagino,

no le tomaras nunca si él hubiera,

no quedándose en pan, sino en tocino.