De Ventura te dé Dios, hijo

By Tirso de Molina

Llegar Tántalo al árbol avariento,

y huir la fruta cuando el labio toca;

el líquido cristal besar la boca,

y burlarle dejándole sediento;

a la mesa asentarse el rey hambriento,

y cuando apenas el manjar provoca

al apetito, ver que el Arpía loca

alza los platos y convida al viento.

Lo mismo por mí pasa. No sintiera

Tántalo el hambre tanto, a no incitarle

del árbol la presencia apetecible.

Vi a Clemencia y perdila. ¡Ay suerte fiera!

Que ver tan cerca el bien y no gozarle

es hacer el tormento más terrible.