Del caprichoso, discretísimo, académico de la Argamasilla, en loor de «Rocinante...
En el soberbio trono diamantino
que con sangrientas plantas huella Marte,
frenético el manchego su estandarte
tremola con esfuerzo peregrino.
Cuelga las armas y el acero fino
con que destroza, asuela, raja y parte:
¡nuevas proezas!, pero inventa el arte
un nuevo estilo al nuevo paladino.
Y si de su Amadís se precia Gaula,
por cuyos bravos descendiente Grecia
triunfó mil veces y su fama ensancha,
hoy a Quijote le corona el aula
do Belona preside, y de él se precia,
más que Grecia ni Gaula, la alta Mancha.
Nunca sus glorias el olvido mancha
pues hasta «Rocinante», en ser gallardo,
excede a Brilladoro y a Bayardo.