Desastre del valido que cayó aun en sus estatuas

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

¿Miras la faz que al orbe fue segunda

y en el metal vivió rica de honores

cómo, arrastrada, sigue los clamores,

en las maromas de la plebe inmunda?

No hay fragua que sus miembros no los funda

en calderas, sartenes y asadores;

y aquel miedo y terror de los señores

sólo de humo en la cocina abunda.

El rostro que adoraron en Seyano,

despedazado en garfios, es testigo

de la instabilidad del precio humano.

Nadie le conoció, ni fue su amigo;

y sólo quien le infama de tirano

no acompañó el horror de su castigo.