Descripción del ardor canicular, que respeta el llanto enamorado y no le enjuga

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Ya la insana Canícula, ladrando

llamas, cuece las mieses, y, en hervores

de frenética luz, los labradores

ven a Proción los campos abrasando.

El piélago encendido está exhalando

al sol humos en traje de vapores;

y, en el cuerpo, la sangre y los humores

discurren sediciosos fulminando.

Bébese sin piedad la sed del día

en las fuentes y arroyos, y en los ríos

la risa y el cristal y la armonía.

Sólo del llanto de los ojos míos

no tiene el Can Mayor hidropesía,

respetando el tributo a tus desvíos.