Después de la fiesta

By Luz Gay

Queden las galas otra vez guardadas:

el cinturón de plata, el blanco traje,

el chal sedoso de nevado encaje

y los ramos de flores perfumadas.

Ya pasaron las horas agitadas

en que el asedio del pesar distraje,

regresando las alas sin ultraje

y de suaves aromas impregnadas.

Pero tú, terco corazón, persistes

en conservarte indiferente y frío;

como has ido al sarao, así volvistes,

y siempre melancólico y sombrío

sigues soñando con fantasmas tristes

y latiendo ¡infeliz! en el vacío.