Después de una enfermedad

By Manuel del Palacio

¡Máquina miserable y quebradiza,

esta que adora la miseria humana!

Bronce y hierro parece a la mañana,

y es a la tarde escorias y ceniza.

Cuando la juventud la vigoriza

de realizar milagros corre ufana;

luego el choque menor la desengrana,

y el aire más sutil la paraliza

¡Cuerpo, vencido estás! ¡Gratos antojos,

placeres, apetitos, devaneos,

morded de la materia los cerrojos;

y olvidando victorias y trofeos,

quede solo en el alma y en los ojos

la semilla inmortal de los deseos!