Ódiame

By Eduardo Villegas

Aunque siempre me miras con desprecio,

altivo el ademán y el continente,

ni me asustan los surcos de tu frente

ni el golpear de tu carácter recio.

Mi delito, lo sé, es delito necio:

¡haberle dicho lo que el alma siente

a un corazón sin vida, indiferente,

que menos me ama cuanto más le aprecio!

Más prefiero que me ames con encono

dejándome a tu ímpetus tan terca

que te premie «El Odiar» con su guirnalda;

pues yo, con la esperanza, te perdono,

porque el amor y el odio están tan cerca

que se estrechan las manos por la espalda