Dorisa en traje magnífico
¡Qué lazos de oro desordena el viento,
entre gorzotas altas y volantes!
¡Qué riqueza oriental y qué cambiantes
de luz que envidia el sacro firmamento!
¡Qué pecho hermoso do el amor su asiento
puso, y de allí fulmina a sus amantes,
absortos al mirar las elegantes
formas, su delicioso movimiento!
¡Qué vestidura arrastra, de preciado
múrice tinta recamada en torno
de perlas que produjo el centro frío!
¡Qué extremo de beldad al mundo dado
para que fuese de él gloria y adorno!
¡Qué heroico y noble pensamiento el mío!