DOS ENTIERROS

By Cecilio Apóstol

—Se los cirios al brillo tremulante.

Mi padre muerto en su ataúd yacía…

¡No era un sueño! Dos lágrimas veía

cuajadas en su lívido semblante.

Le enterraron. Lloroso y delirante,

a lo profundo de la huesa fría

yo le vi como un fardo que caía

con apagado son… ¡qué horrible instante!

Más tarde, del olvido al camposanto,

fui a enterrar mis primeras ilusiones,

de horrendo hastío el corazón cubierto;

Y hallé entonces la causa de aquel llanto

que, al trémulo fulgor de los blandones,

vi en el semblante de mi padre muerto.