El beso de Judas

By Aurelio Yanguas

Besa la madre al querubín dormido,

alma y vida vertiendo por su boca,

y aunque, ardiente, le estruja y le sofoca,

no le arranca un reproche ni un gemido.

Las tiernas avecillas, en el nido,

también se besan con ternura loca,

y todo cuanto el beso de amor toca

queda santificado y bendecido

Mas, ¡ay!, que en el destierro de la vida,

donde crimen y dolo son azote,

no siempre con el ósculo va unida

la savia de bondad, de amor el brote

¡Cuántos siguen las huellas del deicida!

¡Cuántos besan lo mismo que Iscariote!