El caudillo

By Julio Herrera y Reissig

Recientemente miran siempre al destino bizco,

sus diez lustros nivosos, ebrios de joven mayo;

y en le crespo entrevero, despojándose el sayo,

ordenó: «¡Fuera pólvoras! ¡A puñada y mordisco!».

Nadie ajusta una barra; nadie brota un pedrisco,

ni la cáustica fusta zigzaguea en un rayo,

como el ancho cuchillo que en honor de Pelayo,

cabalgara montañas, fabulosos y arisco.

Ya que baile o que ría, ya que ruja o que cante,

en la lid o en la gresca, nadie atreve un desplante,

nadie erige tan noble rebelión como el vasco,

y sobre esa leonina majestad que le orla,

le revienta la boina de valor, como un casco

que tuviera por mecha encendida la borla !