El crepúsculo del martirio
Con sigilo de felpa la lejana
piedad de tu sollozo en lo infinito
desesperó, como un clamor maldito
que no tuviera eco La cristiana
viudez de aquella hora en la campana,
llegó a mi corazón y en el contrito
recogimiento de la tarde, el grito
de un vapor fue a morir a tu ventana
Los sauces padecían con los vagos
insomnios del molino La profunda
superficialidad de tus halagos
se arrepintió en el mar Y en las riberas
echóse a descansar, meditabunda,
la caravana azul de tus ojeras !