El cuento árabe

By Arturo Clavijo Tisseur

Dijo por fin el jeique de los negros lebreles:

Señor, estos dos perros también son mis hermanos;

por la gracia de Alah, son dos seres humanos,

en canes convertidos por traidores y crueles.

Mi esposa al ver que eran contra su raza infieles,

trató de concluirlos igual que a dos tiranos,

pero al oír mi ruego los ató con sus manos

y los condujo a un antro de la vieja Cibeles

¡Allí la torva efrita con sus hechicerías

los encantó, y ¡oh, Genni! de sus almas impías

surgieron estos perros tan tristes y serenos!

Mas ya vencido el tiempo de sus terribles penas,

¡yo los llevo a la gruta para que en sus cadenas

dejen la forma y vuelvan a ser hombre y buenos!