El despertar

By Julio Herrera y Reissig

Alisia y Cloris abren de par en par la puerta

y torpes, con el dorso de la mano haragana,

restriéganse los húmedos ojos de lumbre incierta,

por donde huyen los últimos sueños de la mañana.

La inocencia del día se lava en la fontana,

el arado en el surco vagoroso despierta

y en torno de la casa rectoral, la sotana

del cura se pasea gravemente en la huerta

Todo suspira y ríe La placidez remota

de la montaña sueña celestiales rutinas

El esquilón repite siempre su misma nota

de grillo de las cándidas églodas matutinas

Y hacia la aurora sesgan agudas golondrinas

como flechas perdidas de la noche en derrota.