El don de la lluvia

By Giraldo Jiménez

Con una pertinacia monocorde que aduerme

cae la lluvia en el viejo villorrio familiar,

y yo me entrego al canto de las aguas inerme,

y con vivos deseos de sentirme arrullar

Reclino sobre el banco de trabajo la frente,

y en mi interior alcázar, solo, me reconcentro,

mientras la lluvia vierte su pertinaz nepente

y me hundo en la casa familiar más adentro.

Y así, en derredor mío, las aguas tienden una

cortina impenetrable de sombras y sonidos

que enclaustran totalmente mis ávidos sentidos

(Canes enflaquecidos que ladran a la Luna)

y experimento así, abstraído en mi verso,

el placer de sentirme solo en el Universo.