El mariquita
Custodio de las cándidas doncellas
que velan por nosotros pecadores
haciendo pastelitos y primores
con sus manos blanquísimas y bellas,
él dirime sus riñas y querellas
y fomenta sus célicos amores,
y aprovecha sus guisos y labores
y es Periquito místico entre ellas.
Su placentero y cómodo destino
envidia más de un cura zamacuco;
y aun yo, que a todos ellos abomino,
siento envidia, que al fin no soy de estuco,
porque es eunuco del harén divino,
sin las contrariedades del eunuco.