El muelle viejo

By Domingo Rivera

Cuando el sol de la tarde sus rayos amortigua

y el muelle en sombra dejan sus pálidos reflejos,

por las aceras toscas de la explanada antigua,

siguiendo su costumbre, van llegando los viejos.

Desde ese muelle -anhelo de tres generaciones-

en otro tiempo vieron, sobre la azul llanura,

cruzar las blancas velas de las embarcaciones

como presagio humilde de la ciudad futura.

Y hoy, desde el viejo muelle, silencioso y desierto,

miran con turbios ojos salir del nuevo puerto

para Marsella o Londres, Hamburgo o Liverpool,

en vez de los pequeños veleros de estos días,

vapores poderosos que exportan mercancías

y manchan de humo negro el horizonte azul.