El obrero

By José J. Villa

Ajeno de la vida a los placeres

que goza el adalid de falso brillo,

el golpe de la fragua y del martillo

es carne mutilada en los talleres

No parece el hermano de esos seres

que encumbró la fortuna; es tan sencillo

que sube, por un solo panecillo,

la escala de los múltiples quehaceres

Doblada la cerviz y sudoroso,

como una bestia en el trabajo ungida,

atraviesa las calles silencioso.

Pero ¡ay! lleva en el alma comprimida,

toda una tempestad: ¡el pavoroso

problema de su clase redimida!