El poema eterno

By Francisco Lles

Se abre la Luna en el confín lejano

como una rosa blanca Los rosales

riman sus amorosos madrigales

junto a las tapias del jardín cercano

La Luna es novia en el azul dormida:

su luz de plata, en el jardín, alfombra;

crecen en el sopor de la avenida

los dedos alargados de la sombra

Enarca un gato el lomo en el alero

de un tejado vecino Sus florones

el girasol bajo la Luna invierte;

y quiebra sus blancuras un lucero

sobre el viejo color de los frontones

dormidos en la calma de la muerte