El ruiseñor y la rosa
Aquélla, la más dulce de las aves,
y ésta, la más hermosa de las flores,
esparcían blandísimos amores
en cánticos y nácares süaves
Cuando suspensa, entre cuidados graves,
un alma, que atendía a sus primores,
arrebatada a objetos superiores,
les entregó del corazón las llaves
«Si aquí -dijo- en el yermo de esta vida
tanto una rosa, un ruiseñor eleva
(¡tan grande es su belleza y su dulzura!),
¿cuál será la floreta prometida?
¡Oh dulce melodía siempre nueva!
¡Oh siempre floridísima hermosura!»