El simún

By Antonio Ros de Olano

La soledad lo aborta sin destino

sobre el páramo inmenso del desierto;

a su presencia duélese el Mar Muerto

y gime triste el campo palestino

Con polvorosa crin barre el camino,

y a su bochorno el caminante incierto,

el cuerpo tiende, el hálito cubierto

del raudo y abrasante remolino

¡Pasó! Y el tigre bota en la candente

arena, en que el león ruge erizado,

y silba y se retuerce la serpiente

¡Pasó! Y en la quietud del despoblado

la ciudad solitaria del Oriente

llora con el Profeta su pecado